Por Arantza Ríos

Seguramente que esta situación que voy a describir os resulta familiar. Se trata de una persona volcada en su trabajo. Comienza por la mañana temprano su jornada laboral, come un sándwich rápido, para aprovechar al máximo el tiempo, se va tarde de la oficina (sobre las 9). Llega a su casa, cena y después se pone un rato más a trabajar. Su pareja se queja del poco tiempo que pasan juntos y de la sobrecarga que tiene que asumir, por las labores domésticas que ella no realiza, teniéndolas que afrontar él en la mayoría de los casos.

paisaje marino (14)

Esta persona se dio cuenta de que no tenía tiempo para hacer otras cosas, aparte de trabajar, y de que esta situación le estaba llevando a perderse momentos importantes de ocio, con su familia y con sus amigos, y de que le estaba afectando a la felicidad de su pareja y a la suya propia.

Tras esta reflexión, decidió que quería cambiar y salir antes de su trabajo.

Apoyándome en la técnica del desafío, que hace que las personas se exijan a sí mismo más de lo que creen que son capaces de hacer,  esta fue nuestra conversación.

– Te reto a que salgas todos los días a las 7 de la tarde.

– Uf, ¡imposible!

– Pero tú me habías dicho que querías salir antes de tu trabajo.

– Si, pero no puedo.

– Entonces, ¿Qué vas a hacer?

– Está bien, voy a intentar salir a las 8, pero me va a costar.

La técnica del desafío funcionó.

Cuando nos vimos, a los quince días, me contó que lo había intentado, que algunos días lo había conseguido pero otros no. “Yo sé que lo tengo que hacer, pero es muy difícil”, me dijo.

Para ayudarle a conseguir su cambio, la recomendé una herramienta que utilizamos también en coaching, que consiste en crear una estructura. Esto es, cualquier cosa que te recuerde que tienes que realizar una acción. El objetivo es crear una disciplina. Estos son algunos ejemplos: ponerse alguna señal llamativa, bien sea un aviso en el móvil, en la agenda de la oficina, cambiarse la pulsera o el reloj de mano, ponerse una foto de su familia encima de la mesa de trabajo, o cualquier otro elemente que la recuerde que se tiene que ir a las 8.

Algo que también ayuda a cumplir con tu desafío es ponerte otro desafío, por ejemplo: Tengo que salir a las 8, porque a las 8,30 voy a ir al cine, o voy a quedar con unos amigos o voy a ir al gimnasio, etc. O también, adoptar un compromiso prolongado, como puede ser apuntarte a un curso, para que te obligue a irte a la hora que quieres salir.

Por último le pregunté:

-¿Y yo, como voy a saber que lo has hecho?

– Te enviaré un sms cada vez que lo consiga. Me contestó.

De esta manera ella sabía que yo también iba a estar pendiente de la evolución de su reto y dado el compromiso que ella había adquirido conmigo, a lo largo del proceso de coaching, yo sabía que se esforzaría aún más para conseguirlo.

Efectivamente, cuesta cambiar los hábitos que nos han acompañado durante muchos años y los tenemos profundamente arraigados y registrados en nuestro cerebro. El psicólogo William James, que investigó sobre esta materia, llegó a la conclusión de que para que una conducta o comportamiento se convierta en un hábito sostenido e inconsciente, es necesario repetir dicha conducta por un mínimo de 21 días. 

Pero es posible. Todo es cuestión de practicar, de ayudarte con alguna estructura que te  lo recuerde e involucrando a alguna persona. Así es como esta persona lo consiguió. Y lo que más le sorprendió es que no había pasado nada, seguía siendo la misma profesional que era y ahora además, estaba satisfecha en su papel de pareja.

Y una vez conseguido, acuérdate de celebrarlo. 

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