¿Por qué te empeñas en quedarte en tu zona de confort si es la de «desconfort»?

Por Victoria Gimeno

“En mi empresa me aburro”, “ tengo que callar porque si hablo se desata una guerra”, “vivo pensando que me van a echar del trabajo”, “quiero seguir viviendo en el mismo pueblo aunque detesto mi trabajo”, “qué van a pensar de mí, mi familia y mis amigos, si dejo de trabajar en la empresa” , “me hacen mobbing pero tengo que resistir” … Estos son algunos de los comentarios que me hacen mis coachees insistentemente.  No están contentos,  pero cuando hablamos de su objetivo, este es precisamente seguir padeciendo una situación que ellos mismos consideran insoportable.

Como dice Jeffrey Sachs, director de The Earth Institute de la Universidad de Columbia,  “el mundo es un lugar menos feliz desde hace cinco años” y lo que es peor, “los efectos de la crisis perduran más allá de la crisis”.

Estos comentarios que expongo, y que son tan reales, denotan la baja autoestima que se ha extendido en la gente como consecuencia de la crisis económica, crisis que ha sido devastadora para la confianza en nosotros mismos, bloqueando la capacidad de emprender y tomar iniciativas. El sufrimiento y la resignación se han instalado en nosotros y nos encontramos claramente en una zona de «desconfort».

Imagen

La baja autoestima paraliza y tiene perversas consecuencias en nuestro comportamiento, algunas de estas son:

  • Miedo a asumir nuevos retos
  • Creernos incapaces de ejercitar otras competencias y por tanto mejorar nuestro rendimiento e iniciar nuevos proyectos
  • Sentirnos incapaces  de aprender
  • Necesitar la aprobación continua de los demás para tomar cualquier decisión, sea insignificante o no
  • Depender de alguien que nos proteja
  • Vivir en la queja  y en el sufrimiento de manera permanente
  • Estancarnos en la mediocridad
  • No avanzar, no desarrollar nuestra carrera profesional, ni crecer como personas
  • Caer en una depresión, de la que todavía es más difícil salir

Por eso, te propongo que te pongas en marcha, que trabajes en mejorar tu autoestima, y que sigas estos consejos:

  • Reconoce tus talentos y ponlos en una lista
  • Haz una lista de tus logros, de los que estás orgulloso
  • No te compares con el resto de las personas que conoces, siempre hay alguien mejor que tú
  • Rodéate de personas positivas, alegres, que quieren emprender, progresar. Aléjate de los que se consideran víctimas
  • Comparte tus ideas y tus conocimientos
  • Deja de hablarte negativamente. Con el lenguaje creas tu realidad.
  • Busca otras interpretaciones a tu situación presente y a tu pasado
  • Vive tu vida, no la de los demás
  • Ponte en acción

Recuerda que si quieres, puedes y si puedes, debes

Coaching

¿La perfección existe? Entonces… ¿para qué la buscas?

Por Arantza Rios

Son muchos los directivos que en sus sesiones de coaching manifiestan ser exigentes y perfeccionista consigo mismo y con sus equipos. Y cuando les pregunto: ¿la perfección existe? la respuesta siempre es no. Entonces ¿Para qué nos empeñamos en seguir buscando la perfección si todos sabemos que no la vamos a encontrar, porque no existe? Este intento de ser perfectos nos hace tremendamente infelices y es frustrante. Pero claro, nosotros insistimos e insistimos, esto es humano, pero como dice Einstein: tonto es aquel que haciendo siempre lo mismo espera resultados diferentes, así que: ¿por qué no probamos a cambiar?


La alternativa a la exigencia es la excelencia. La excelencia consiste en hacer las cosas lo mejor que uno sabe (lo mejor posible), y esto siempre se puede lograr. Por lo tanto, ¿No será esta actitud mucho más sana y recomendable que la exigencia?
Eso sí, en el ámbito de la excelencia el error es el rey. Es importante permitirnos y permitir a los demás cometer errores, porque esta es la única manera de aprender y mejorar, tanto como personas como profesionales y si no, recordad como aprenden los niños: ¡Equivocándose una y otra vez! Como nos decían cuando éramos niños: de los errores se aprende. Y esto mismo sigue siendo válido ahora que somos adultos, ¿no?
Para dar el salto de la exigencia a la excelencia tenemos que salir de nuestra “zona de confort” y arriesgarnos a hacer las cosas de manera diferente. De esta forma, abrimos una puerta a la innovación y además, podremos mejorar nosotros, nuestros trabajos, nuestros equipos, etc. Por ejemplo, a aquellos que os gusta llevar perfectamente preparadas las reuniones, con toda la información recopilada y analizada de antemano, os propongo que probéis a no llevarlo todo preparado, que dejéis algo abierto y experimentéis que pasa. Seguro que lo pasareis mal en la reunión, os sentiréis inseguros, pero veréis que no pasa nada, que la reunión ha salido prácticamente igual y el beneficio para vosotros es que además de ejercitar la improvisación, ese tiempo que habéis ahorrado -hasta conseguir la preparación perfecta de la reunión-, lo podéis dedicar a otra actividad o porque no, a disfrutar con aquello que os da energía y os hace felices, como la familia, los amigos, la lectura, el deporte, el cine, etc.
Además, como habéis podido comprobar en el ejemplo anterior: “el perfeccionismo es un ladrón de vuestro tiempo”. ¿Estás dispuesto a dejarte robar? Si la respuesta es no: ¡Atrévete ya a dejar el perfeccionismo y busca la excelencia!

Coaching

No dejes que tus emociones te amarguen el día

Por Victoria Gimeno

El lenguaje tiene una fuerza muy grande, es como una piedra que se tira a un lago y salen ondas expansivas, mucho más allá del lugar donde ha caído.

Tanto lo que nos dicen los demás como lo que pensamos y nos decimos a nosotros mismos en nuestras conversaciones interiores, desata nuestras emociones que podríamos definir como reacciones psicofisiológicas. Así pues, si nuestro jefe nos dice que algo que pensábamos que nos había salido bien, ha sido un fracaso, reaccionaremos con angustia, enfado o tristeza; y si, aunque nadie nos lo diga, pensamos que no hemos hecho bien un trabajo, tendremos probablemente las mismas emociones.

Imagen

Las emociones, no solo pueden ser disfuncionales o negativas, como la ira, el temor, angustia, rencor, tristeza, celos, odio…; sino también pueden ser funcionales y positivas, como la alegría, felicidad, amor, plenitud, abundancia, serenidad, gratitud… Pero además son efímeras, aunque si no cambiamos la emoción en el caso de las negativas, podemos convertirlas en crónicas y que acaben siendo un estado de ánimo y lo que es peor una enfermedad. Por ejemplo si lo que nos dicen y/o lo que nos decimos a nosotros mismos, nos lleva a la tristeza y no nos apartamos de ella, sino que seguimos en esa emoción, podemos acabar en una enfermedad como la depresión, que es un estado de ánimo y como tal se vive en él de manera permanente. Las emociones no se eligen, son mecanismos de adaptación, pero lo que si se elige es continuar en la emoción.

Por eso, cuando tengo una emoción negativa, tengo que definirla, ponerle nombre, etiquetarla, hablarme a mí mismo sobre su procedencia, darme, también a mí mismo, un feedback en lenguaje positivo, elegir si quiero estar bien y cambiarla, valorar todo lo que tengo con gratitud, utilizar la empatía , ponerla en un contexto más amplio.. . y con aprendizaje. Además, siendo consciente de que si nuestras emociones negativas tienen su origen en otra persona, en nada pueden afectarle, a lo sumo pueden incomodarle, pero a los que si afectan es a nosotros mismos.

Es curioso, los seres humanos nos focalizamos en lo negativo y nos olvidamos de todo lo demás, por eso hacemos tan grandes los pequeños problemas.

Afortunadamente las emociones nos permiten también abrazarnos, decir te quiero, desearte un buen día y expresar nuestro agradecimiento.

Coaching

Si no tuvieras miedo, ¿qué harías?

Arantza Ríos

Si nos dejamos llevar por los miedos, estos pueden tener unas consecuencias muy negativas sobre nuestra carrera profesional.

Muchas veces, ante una promoción laboral, hemos escuchado el siguiente comentario: “No entiendo cómo han promocionado a este compañero y no a mí;  yo sé mucho más que él”. Es posible que esto sea cierto, pero también suele ser cierto que los buenos profesionales que además se arriesgan  y se exponen ante sus superiores, consiguen mejores resultados en su evolución profesional, que aquellos otro técnicamente brillante, pero que pasan desapercibidos. Si nuestro objetivo es progresar profesionalmente, de nada nos sirve ser muy buenos en lo que hacemos y mantenernos en el anonimato.

Por lo tanto, de ti depende, en gran medida,  tu evolución profesional.  La postura que adoptes ante el miedo será uno de los factores que  claramente va a contribuir positiva o negativamente sobre tu carrera profesional.

Cualquier miedo tiene asociado una serie de posibles efectos que se pueden producir y además,  todos ellos tienen en común que algo te pierdes cuando te dejas llevar por el miedo. Veámoslo con un ejemplo: El “miedo a no mostrarte”, puede tener como efecto “pasar desapercibido” dentro de tu empresa, y en consecuencia, lo que te estás perdiendo es “que no cuenten contigo”.

Otro ejemplo: “el miedo al cambio” podría tener como efecto “quedarte obsoleto, no avanzar” y en consecuencia lo que te estás perdiendo es “mejorar tu futuro y el de tu empresa”.

 No cabe duda que es más cómodo mantenerse en esa zona de confort, de no exposición, pero si te quedas ahí, tienes que asumir las consecuencias.

Entonces, ¿qué podemos hacer para salir de esta zona de confort? Primeramente, identificar  a qué tenemos miedo,  por qué y para qué nos  sirve; después analizar qué consecuencias este miedo puede tener en nuestro desarrollo personal y profesional y lo qué te estás perdiendo;   a continuación, reflexionar sobre qué podemos hacer para vencerlo ó minimizarlo y por último, decidir que queremos hacer con el miedo: afrontarlo y progresar o quedarnos tal y como estamos.  ¡Tú decides!

No somos responsables de tener miedo pero sí,  de permanecer en él.

Coaching

Si crees que puedes, ¡puedes!

Victoria Gimeno

Es muy conocido que Henry Ford, fundador de la compañía Ford,  decía tanto si crees que puedes como si crees que no puedes, estás en lo cierto. Nos podríamos preguntar,  ¿Y por qué estás en lo cierto? Por el poder que tienen tus creencias, aunque tú no seas consciente,  a veces son más poderosas que la realidad.

Las creencias son esas fuerzas que unas veces nos atrapan en una red y no nos dejan actuar, limitándonos, o haciendo que el camino sea muy penoso y lleno de obstáculos; y sin embargo otras veces son esas fuerzas que nos empujan, que nos ayudan, que nos llevan en volandas hacia nuestras metas.

Así pues las creencias afectan a nuestras acciones, a nuestros resultados y a nuestra realidad.

Pero además,  afectan a nuestras percepciones:  sobre nosotros mismos, sobre los demás y sobre las cosas y situaciones. Esto significa que si nos sentimos incapaces de hacer algo, no lo haremos, o si sentimos que los demás son incapaces, no confiaremos en ellos, y si las situaciones nos parecen desagradables se pondrán en marcha nuestras reacciones emocionales e incluso fisiológicas negativas.

Pero las creencias son inevitables, algunas aparecen en nuestra infancia, en nuestra adolescencia, se forjan en nuestros trabajos, en nuestras relaciones de amistad y amor. Me viene a la memoria la historia del elefante que cuando era bebé le ataron con una pequeña cuerda a  una pequeña estaca y ahora, ya grande y poderoso, cree que sigue sin poder moverse cuando esa cuerda (que para el es un hilo) rodea su pata. El elefante como nosotros nos ponemos nuestros propios límites, que muchas veces nos han sido impuestos en la infancia.

Pero sean limitantes o potenciadoras, las creencias son necesarias, ya que nos ayudan a explicar el pasado, el presente y prevenir el futuro. En muchas ocasiones, las creencias se refuerzan, tanto las positivas como las negativas,  en el alcance o alejamiento de nuestros objetivos. La buena noticia es que las creencias se pueden elegir.

En este sentido, en los procesos de Coaching trabajamos las creencias que condicionan la forma de actuar y por tanto los resultados de nuestros coachees.  Por supuesto que no son las creencias, las únicas que nos llevan a actuar de una manera, también lo hacen nuestros miedos, valores, principios, experiencias,  genes…, per o si son fuerzas muy poderosas y arraigadas en nosotros que condicionan nuestra propia realidad. Así pues, si yo me encuentro en paro y creo firmemente que por ser mayor de 40 años no voy a tener ninguna opción,  no me moveré de la manera adecuada para cambiar el resultado, y mi realidad será que seguiré en paro. Si por el contrario creo en mí, en mis capacidades, en los logros que he conseguido, estar en paro será una oportunidad para buscar un mejor trabajo que el que tenía o auto emplearme.

En este sentido, los coaches tenemos que desarticular  las creencias que nos limitan, cambiarlas por otras que nos potencien, hacer que nuestros coachees se hablen de otra manera, que busquen otros significados, que miren diferente, en definitiva cambiar el observador que somos, nuestros resultados y nuestra realidad.

Coaching