¿Qué te falta por saber de ti?

Arantza Ríos

Está demostrado que el éxito que alcance una persona depende del nivel de Autoconocimiento de sí mismo que tenga.

En los procesos de coaching, las primeras sesiones siempre las dedicamos al autoconocimiento. ¿Por qué? Porque para mejorar y conseguir un determinado objetivo o resultado, lo primero que hay que saber es cómo soy yo, para a partir de aquí, ver qué puedo hacer para conseguir lo que me falta y cómo me puedo apoyar en lo que tengo para conseguir mi objetivo.

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Hay personas que se sienten insatisfechas en su vida profesional y personal por falta de autoconocimiento. Los motivos que les han podido llevar a esta situación son varios: desconocen cuáles son sus puntos ciegos (no son conscientes de lo que no saben), actúan de forma pasiva con su desarrollo profesional y personal, se apoyan demasiado en sus puntos fuertes, tienen áreas importantes de desarrollo no identificadas, etc.

A continuación te indico diez razones por las que deberías conocerte a ti mismo:

  1. Para poder saber en qué entornos profesionales encajas, y por lo tanto puedes trabajar satisfactoriamente, y en cuáles no.
  2. Para saber en qué eres bueno y malo profesionalmente
  3. Para saber qué habilidades tienes y cuales te faltan
  4. Para saber si trabajas mejor de forma individual o colectiva
  5. Para saber qué trabajos sabes hacer y cuales no
  6. Para saber gestionar tu vida personal y profesional
  7. Para gestionar mejor tus emociones
  8. Para saber cómo tu forma de ser influye en los demás
  9. Para conocer cómo tu forma de trabajar afecta a tus relaciones
  10. Para mejorar tus puntos débiles

 Y todo ello te servirá para ser mejor persona y profesional y tener éxito en las decisiones que tomes respecto a tu vida.

¿Cómo puedo mejorar mi autoconocimiento?

Si me preguntáis por la Autoevaluación como herramienta de autoconocimiento, os la desaconsejo porque evaluarse a uno mismo, generalmente conduce a engaño, porque nos vemos mejor de lo que somos.

Podéis utilizar la Autobiografía, esto es, escribir en una hoja vuestra vida personal y profesional. El hecho de pararte a pensar sobre lo que te ha sucedido en el pasado, cómo actuaste en las distintas situaciones y que consecuencias o resultados tuvo, te ayuda a tomar decisiones.

En mi opinión, preguntar a los demás, esto es, pedir feedback es la mejor manera de descubrirse así mismo. En al post de este blog titulado “Soy otro desde que recibí feedback” menciono una herramienta que utilizamos los Coachs, con mucho éxito en los procesos de coaching, para que los coachees ò clientes reciban feedback de su entorno laboral y personal: Mi Imagen Pública.

Recuerdo un cliente que cuando comenzamos el proceso de coaching me dijo que uno de los cambios que quería conseguir era mejorar la relación con su equipo. Cuando les pidió que le ayudarán a confeccionar su imagen pública, se dio cuenta de que el equipo lo tenía en muy alta consideración, lo veían como un jefe cercano, que les apoyaba, con el que podían hablar, sin embargo lo que si destacaban como debilidad era que les dedicaba poco tiempo. Esta información le sorprendió gratamente y le ayudo mucho a redefinir su objetivo.

En mi caso, las herramientas de autoconocimiento me han ayudado a entender por qué me siento tan incómoda ante determinadas situaciones o relaciones personales y laborales, qué escenarios me producen un nivel de stress altísimo, en que entornos prefiero para trabajar. El ser consciente de todo esto me ayuda a entender y gestionar mejor mis emociones y a sentirme más satisfecha en mi vida personal y profesional.

Coaching

Soy otro desde que recibí feedback

Por Arantza Ríos

Una de las herramientas de evaluación de competencias más extendida entre las empresas, es la evaluación 360ª. A través de esta herramienta se recoge la opinión que de ti tienen tus colaboradores, tus iguales, tus superiores y tus clientes y/o proveedores. De esta valoración se obtienen tus áreas en las que eres altamente competente y tus áreas de mejora.

Para aquellas personas que no tenéis la oportunidad de que os valoren a través un 360º existe una herramienta, que se utiliza en los Procesos de Coaching, denominada “MI IDENTIDAD PUBLICA”.

El ejercicio consiste en preguntar, en tu entorno, qué opiniones tienen los demás de ti.

Para ello, basta con que sigas los siguientes pasos:

1. Selecciona al menos a tres o cuatro personas en tu ámbito laboral (un jefe, un compañero de tu nivel y un colaborador) y alguna otra persona en el ámbito personal, por ejemplo,  un amigo/a,  tu mujer, pareja, etc.

2. Pídeles a todos ellos que identifiquen y pongan por escrito, tres aspectos tuyos que se te dan bien realizar, es decir tus fortalezas y tres que no se te dan tan bien, esto es tus debilidades. Es muy importante que les trasmitas que traten de ser lo más realistas posibles, para que el ejercicio tenga validez. La forma de ayudarte es siendo sinceros en sus opiniones.

3. Además, es muy importante que cada aspecto identificado en el punto anterior vaya acompañado de hechos o situaciones concretas, que corroboren las opiniones de esas personas. Esto es clave para demostrar con hechos las opiniones de estas personas.

4. Por último, pídeles que te lo envíen por escrito. Lo ideal es que fuera anónimo, así lo hacemos en los procesos de coaching, en los que estas personas envían sus opiniones directamente al Coach. Pero también es válido si te lo envían a ti directamente

5. El siguiente paso es que consolides todas las impresiones de estas personas, agrupando por un lado todas tus fortalezas y por otras todas tus debilidades y ver aquellas en las que coinciden varias personas.

Ahora ya tienes tu IDENTIDAD PUBLICA y sabes qué percepción tienen de ti los demás. A continuación, te recomiendo que elijas un par de áreas de mejora que quieras desarrollar, tienen que ser comportamientos que realmente tú quieras cambiar, y te pongas a trabajar sobre ello. Recuerda que para mejorar hay que cambiar y que para cambiar hay que conocerse bien.

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¡No te atiborres de responsabilidad!

Por Arantza Rios
Especialmente dedicado a aquellas personas que sufren por exceso de responsabilidad. En muchos casos, su excesiva entrega les lleva a soportar además de sus problemas, los de sus amigos, sus compañeros de trabajo, sus familiares, sus colaboradores, sus jefes, etc. He conocido casos de personas con este comportamiento que les ha llevado a una situación de stress, que a su vez ha desencadenado enfermedades importantes. A todos ellos, les sugiero que prueban a compartir sus problemas.

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“¡Qué bueno es tener un jefe!” me comentaba el otro día una persona durante un proceso de coaching y continuó diciéndome: “aquella noche me fui a dormir muy preocupado por la dificultad que suponía una actividad que tenía que hacer al día siguiente. Al levantarme pensé: ¿para qué tengo a mi jefe? , voy a compartir con él mi preocupación. Así que, en cuanto entré en la oficina, lo primero que hice es ir directamente a hablar con él. Después de la conversación con mí jefe, me sentí escuchado, comprendido y con más confianza y nuevas aportaciones para asumir la tarea”.  “Yo solo no hubiese podido”, me comentó este cliente.

Atrévete a compartir tus problemas de trabajo con tu jefe o con tus compañeros. Ábrete a tu familia, a tus amigos, a tus hijos y descubrirás con cualquiera de ellos otras perspectivas, que por tu cuenta, no eres capaz de ver. Esto es como una carrera de fondo: “Si corres solo corres más rápido pero si corres en compañía, llegas más lejos”.

Te sorprenderás de que, en general, a todo el mundo le gustará ayudarte pero para ello, tienes que dejar un hueco. Resérvate un espacio para recibir, no lo absorbas todo tú. De esta manera, compartirás tus preocupaciones, aligerarás tu mochila y verás como el viaje resulta más cómodo y más completo.

 

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Con la salud no se juega. Cuídate

Por Arantza Ríos

¿Eres de los que desayunas un café bebido, después comes ligero -una ensalada o un sándwich-, te quedas trabajando hasta tarde en la oficina, con un montón de reuniones, llamadas, etc. y cuando llega la hora de la cena devoras?….pues resulta que para esta aventura que es vivir disponemos solamente de un cuerpo que deberíamos cuidarlo como eso, como único. ¿Lo estás haciendo tú?

Recientemente, he visto a mí alrededor varios casos de personas que, llegando a los cuarenta, están comenzando a tener problemas de salud relacionados con el sobrepeso, con el estómago, el colesterol alto, hipertensión, problemas de caderas (por la vida sedentaria), contracturas musculares, etc.

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Muchos de ellos tienen trabajos muy demandantes, están sometidos a situaciones de tensión y por falta de tiempo, no le proporcionan al cuerpo ni el descanso ni los nutrientes, ni la actividad que necesita. Creo que merece la pena tomárselo en serio y prestar a la salud la atención que merece. Con la salud no se juega.

Afortunadamente la salud empieza a ser un tema sensible en las empresas y algunas ya lo están incorporado dentro de los programas de formación de sus empleados. Las empresas también quieren personas sanas.

Con el objetivo de ayudaros en esta aventura “saludable” os planteo algunas recomendaciones relacionadas con la alimentación y con la vida sedentaria.

Respecto a la alimentación son de vital importancia dos temas:

  1. Vigilar la cantidad de alimentos que consumimos, con esto haremos frente al sobrepeso. Pero no te saltes ninguna comida principal.
  2. Que lo que comamos sea de calidad y equilibrado. Para ello es importante saber qué función tiene cada nutriente: las proteínas son los ladrillos del organismo, los hidratos de carbono y las grasas son el combustible, y las vitaminas y los minerales son el lubricante que regula el buen funcionamiento del organismo. La calidad tiene que ver sobre todo con las grasas; no deben tomarse en exceso, porque conducirían al sobrepeso. Asimismo, hay que evitar aquello que aumenta el colesterol: fritos, embutidos tipo mortadela, mantequilla, quesos curados, etc.

En lo referente a la vida sedentaria, como todos ya sabéis hacer una actividad física diaria es lo más recomendable para nuestro bienestar. ¡Enhorabuena a los que lo tenéis incorporado como un hábito de vida! Para el resto, aquí van algunas recomendaciones sencillas, que los médicos sugieren: subir las escaleras de casa andando; si la distancia lo permite ir andando a la oficina o bien utilizar el transporte público; si vas en metro sube y baja las escaleras o bien bájate una o dos paradas antes, y haz este recorrido andando. Por último, realiza ejercicios de estiramiento, los puedes hacer en la propia silla de la oficina y date un paseo de 20 minutos después de una comida sana. ¿A cuál de todas ellas te apuntas?

Coaching

Atrévete, no tienes nada que perder

Por Arantza Ríos

A muchas personas nos cuesta mucho pedir aquello que deseamos o necesitamos. Pensamos que los que nos conocen (nuestros jefes, compañeros, amigos, etc.) van a saber qué necesidades tenemos y nos las van a satisfacer porque nos aprecian, pero desafortunadamente esto no funciona así. En muchas ocasiones, no conseguimos lo que necesitamos pero no porque no quieran dárnoslos, sino porque ni siquiera saben que queremos algo.

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Las peticiones nos las decimos a nosotros mismos, pero no se lo decimos a nadie más, por lo que no les damos la opción de complacernos.

Entonces, ¿qué tenemos que hacer para que la gente sepa lo que queremos? Lo primero de todo pedirlo. Pidiendo las cosas que uno desea no tienes nada que perder y sí, mucho que ganar. Veámoslo con un ejemplo. Un ejecutivo estaba deseando realizar un máster y no se atrevía a pedírselo a su jefe. Pensaba que le iba a responder a su petición con argumentos tales como “que ahora no es el momento”, “hay otras personas en el departamento que también van a querer hacerlo”, “estamos en época de recortes”, etc. Sin embargo, se atrevió, se lo pidió a su jefe, argumentándole los motivos que le movían a realizar ese máster y los beneficios que supondrían tanto para él como para la compañía y cuál fue su sorpresa, cuándo su jefe le respondió: ¿por qué no? Vamos a intentarlo, lo voy a proponer en el Comité.

Cuándo pides, pueden pasar dos cosas: que te digan que sí o que te digan que no. Si te dicen que sí, sales ganando respecto a tu situación inicial, y si te dicen que no, te quedas exactamente en la misma posición. Por lo tanto, atrévete, y pide. Eso sí, prepárate bien las razones y argumentos que sostienen tu petición.

A continuación, te muestro un ejemplo de cómo una persona le pide un cambio de comportamiento a su jefe, de forma eficaz, por sus reiterados retrasos a las reuniones:

“CUANDO TÚ llegas tarde a las reuniones, YO ME SIENTO defraudado. NECESITO sentirme valorado. Por ello, TE PIDO por favor que llegues pronto a las reuniones”.

En esta petición es clave, los aspectos señalados en negrita:

  1. Indicar objetivamente lo que el otro hace, debe de tratarse de un hecho observable, nunca de una impresión personal nuestra.
  2. Explicar brevemente como tú te sientes (triste, decepcionado, rabioso, etc., habla de tus emociones)
  3. Indicar la necesidad que necesitas cubrir, esto es muy importante para que el otro entienda para qué necesitas ese cambio.
  4. Realizar la petición de cambio

Verás que si utilizas esta técnica, obtendrás buenos resultados en tus peticiones.

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Dos no se hablan si uno no quiere

Por Arantza Ríos

El jefe no lo podemos elegir, pero lo que sí está en nuestras manos es hacer todo lo posible para construir el tipo de relación que queremos mantener con él.

Por las experiencias compartidas con directivos he llegado a la conclusión de que no se consiguen grandes éxitos teniendo una mala relación con tu jefe.

Conozco varios directivos que teniendo una carrera profesional de éxito prolongada, dentro de su compañía, un cambio de su jefe directo ha supuesto el fin de su carrera profesional, dentro de dicha organización. Y estudiando los casos, en muchos de ellos pude ver que su forma de trabajar continúo siendo la misma antes y después de la llegada del nuevo jefe; dieron por hecho que “siendo buenos profesionales” lo seguirían siendo también con el nuevo jefe. No cabe duda que son buenos directivos, pero no supieron ver las necesidades del nuevo jefe ni adaptarse a ellas y esta actitud, les ha generado grandes dificultades en su carrera profesional, dentro de su organización.

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Para evitar estas situaciones, lo primero que tienes que hacer es “conocer muy bien a tu jefe”. Pues bien, ¿y qué hay que saber del jefe?:

  • Cuáles son sus objetivos tanto personales como profesionales. ¿Para qué ha sido designado a ese puesto? ¿Cuáles son sus aspiraciones?
  • Sus puntos fuertes, es decir, aquello en lo que brilla y sus puntos débiles, aquello que no domina tanto o en lo que es menos hábil. Los puntos fuertes y débiles puede tratarse tanto de conocimientos como de habilidades directivas.
  • Cómo le gusta trabajar. Para profundizar sobre esta cuestión debo poder contestar a las siguientes preguntas:
  1. ¿cómo le gusta recibir la información? Por ejemplo, a través de informes que él pueda leer y estudiar, o mediante conversaciones personales en las que pueda realizar preguntas, o vía llamadas telefónicas, o por email, etc.
  2. ¿le gusta trabajar en equipo o individual?
  3. ¿comparte información?
  4. ¿delega tareas (empowerment)?
  • Cómo se comporta ante los problemas: disfruta con ellos o trata de evitarlos.
  • Las tensiones a las que está sometido, por la propia organización, por sus superiores, por sus iguales, etc.
  • También te será muy útil, para conocer a tu jefe, preguntar a otros que han trabajado con él y a tus compañeros, cómo lo perciben. Ojo con las fuentes, que sean neutrales.

El principal objetivo es conocer muy bien a tu jefe, para poder elegir la forma más eficaz y eficiente de relación.

Otro tema muy importante, a tener en cuenta, es la gestión de las expectativas. Es muy arriesgado pensar que vamos a sobrevivir en nuestra posición sin saber lo que nuestro jefe espera de nosotros, sobre todo, cuando tenemos un nuevo jefe.

Como resumen, estoy convencida de que “es responsabilidad del colaborador indagar para conocer a su jefe y para saber qué espera su jefe de él”.

No te quedes de manos cruzados: se curioso y averigua la mayor información posible sobre tu jefe. Esta es la clave: ¡alíate con él!

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