El enemigo está dentro

Por Victoria Gimeno

Cuando entra un pesimista en mis procesos de coaching, ya sé que lo hace con la absoluta convicción de que no le va a servir para nada. Cuando en la primera sesión analizo con él sus creencias, veo claramente que su autoestima esta por los suelos, que no tiene fe ni confianza en sí mismo, ni en su presente ni futuro. Su realidad es de color gris, o mejor dicho, su interpretación de la realidad.

Este pesimismo, que le genera gran stress y ansiedad, se convierte en una barrera que tengo que quitar ladrillo a ladrillo porque, en general, el pesimismo empieza como  una emoción, pero si se prolonga acaba siendo un estado de ánimo,  en concreto una depresión. En ese ladrillo a ladrillo analizamos todas sus creencias una a una, que suelen ser, yo no puedo, no me van a coger, va a ser un fracaso, al final la gente es como es…

memodraw_jpeg_20161017_120746_Y lo peor de todo es que, si no hacen algo para evitarlo, es verdad que “tienen razón”, como hemos escrito en este blog mil veces, en palabras de Henry Ford, Tanto si crees que puedes como si crees que no puedes, estás en lo cierto.

Además de sus creencias, analizamos sus habilidades,  seguro que algo han hecho bien en su pasado. Así que vamos a sus logros y a lo que subyace en ellos que les han conducido a su consecución.

A veces,  vamos a sus sistemas, a la conexión que hay entre ellos y todos los grupos sociales con los que se relaciona, familia, trabajo, diferentes núcleos de amigos…  Y aquí entro en sus diálogos, no solo los que mantiene con el resto de las personas, sino sobre todo consigo mismo, en su autocrítica, en las palabras que se dice así mismo que suelen ser muy duras. Este diálogo interior en estas personas es muy limitante, como lo son sus creencias. A veces, el enemigo lo tenemos dentro.

Tanto el proceso de cambiar creencias negativas por positivas, como el proceso de hacer florecer sus logros, como el hacer que ellos mismos analicen la dureza con la que se hablan, son medidas que van encaminadas a subir la autoestima, ya que en el fondo de todo pesimista hay un ser con la autoestima por los suelos, que ni se quiere, ni se valora.

Es un trabajo difícil, pero posible. Las personas no somos rígidas, podemos cambiar.  En esto consiste el coaching, en darnos otras gafas para mirar el mundo y no verlo gris, sino con todos sus colores y todos sus matices.

El pesimista no solo se hace daño a sí mismo, también a los que le rodean. Y si tienes un pesimista a tu lado ayúdale a que confíe en sí mismo, en los demás y en el futuro.

 

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