Por Victoria Gimeno

Steve Jobs consideraba que el trabajo en equipo depende de la confianza en que los demás hagan su parte sin requerir supervisión. Además añadía que si quieres tener buena gente trabajando, tienes que dejarles que tomen decisiones, ya que de otra forma los mejores no querrán quedarse.

En mi trabajo como coach, me encuentro a menudo personas muy estresadas que necesitan controlar todo el trabajo de sus subordinados, de forma que no son capaces de delegar absolutamente nada, y sin ellos  saberlo, ni quererlo, están transmitiendo a sus empleados que no saben hacer su trabajo, que  este solo se puede hacer a su manera, que no tienen ni la formación ni las habilidades para desempeñarlo, que no pueden aportar nada útil… en definitiva, que no confían en ellos.

Esta forma de dirigir, que no de liderar, hace que las personas que dependen de ellos o bien se sometan o se rebelen. Los empleados sometidos, cumplen órdenes, dejan de involucrarse, de tomar decisiones, de comprometerse y de responsabilizarse, además les baja su autoestima y motivación. El exceso de control lleva a más control, se convierte en uno de esos círculos perversos de los que cada vez es más difícil salir.

Por su parte, los que se rebelan se saltan las reglas, se quejan, y si tienen oportunidad harán fracasar cualquier proyecto.

El directivo excesivamente controlador, seguramente se cree muy responsable, busca la perfección aunque esta no exista, quiere por supuesto alcanzar los objetivos, probablemente no quiere impedir el desarrollo profesional de sus colaboradores y quiere que estos se comprometan como él, pero, ¿es esto lo que consigue?

Los grandes líderes de la historia  tienen en común ser capaces de dirigir equipos, distribuyendo  el trabajo entre ellos y permitiendo que estos  desarrollen al máximo su potencial.delegate_authority_king_621555

El control excesivo, roba tiempo, tiempo para emprender nuevas tareas,  buscar otras soluciones, fijar estrategias, definir alternativas, tomar decisiones, ayudar a crecer a su equipo y facilitar el cambio. Por supuesto, esto no quiere decir que no pueda coexistir un sistema de supervisión con la delegación de tareas.

Sabemos que  quien delega no solo suma logros, sino que los multiplica. Entonces, ¿para qué no vas a delegar?

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