Quejarte no es la solución

Por Victoria Gimeno

En mi anterior post, veíamos como Pablo tenía un jefe que era muy simpático pero no era empático y que no se daba cuenta de que Pablo no se siente reconocido, no le lleva a las reuniones, no le aumenta el sueldo ni le promociona.

Y Pablo se queja y se queja con el mismo, en su diálogo interno. Pero esa queja no le lleva a resolver su problema, solo le lleva a intoxicarse más y más. Entra en la espiral de la queja donde esta se autoalimenta,  crece, le hace más daño y le merma cada vez más sus posibilidades para encontrar una solución.Queja Mafalda

A corto plazo, no hablar con su jefe, le da a Pablo una cierta comodidad, delega su responsabilidad en su jefe, pero a largo plazo se convierte en una víctima de su realidad.

Nosotros, lectores, sabemos cómo es la situación porque la vemos desde fuera. Sabemos que Pablo es muy valioso para su jefe, también que si no hablan, las cosas no van a cambiar y que Pablo se va a acabar yendo de la empresa. Y también sabemos que su jefe está contento con él, pero al no ser empático no va a dar un paso.

El otro día, le recomendamos a su jefe que entrenase la empatía, hoy vamos a recomendar a Pablo que hable con su jefe, que deje de quejarse en ese diálogo  que sostiene consigo mismo y que pase a la acción,  que mantenga con su jefe un diálogo reparador, porque sabemos  que si le pide a su jefe lo que él considera justo, este le va a intentar mejorar todos  los aspectos que el siente que se merece, porque su jefe le necesita y le gusta cómo trabaja y no le quiere perder.

Si, sé que es muy fácil desde fuera saber lo que tiene que hacer Pablo, porque no estamos dentro de su realidad. Pero esto es el coaching, sacar a Pablo de su realidad y conseguir que la mire desde fuera, que observe con otras lentes lo que le pasa. En el coaching queremos que deje de ser una víctima, que tome las riendas de su futuro, que sea responsable y que prepare esa conversación que tiene que mantener con su jefe.

Para ello, le vamos a dar a Pablo algunos consejos:

  1. El primero que analice las creencias que tiene y le impiden dar el paso. Por ejemplo, ¿por qué piensa que su jefe no le da pie?, ¿qué le lleva en el fondo a pensar que no tiene que hablar con él?, etc…
  2. Que el mismo sea empatico
  3. Que piense detenidamente qué es lo que reclama
  4. Que busque el mejor contexto, lugar y momento para hablar con él
  5. Que no pierda la serenidad en la conversación
  6. Y que busquen entre los dos la mejor alternativa

Muchas veces nuestros juicios nos llevan a no intentarlo y entramos en la queja silenciosa, y vivir en la queja es vivir en la amargura.

Para terminar, me viene a la memoria este proverbio oriental: Si tu mal tiene remedio, ¿por qué te quejas? Si no lo tiene, ¿por qué te quejas?

Coaching

A partir de mañana salgo a las 7!

Por Arantza Ríos

Seguramente que esta situación que voy a describir os resulta familiar. Se trata de una persona volcada en su trabajo. Comienza por la mañana temprano su jornada laboral, come un sándwich rápido, para aprovechar al máximo el tiempo, se va tarde de la oficina (sobre las 9). Llega a su casa, cena y después se pone un rato más a trabajar. Su pareja se queja del poco tiempo que pasan juntos y de la sobrecarga que tiene que asumir, por las labores domésticas que ella no realiza, teniéndolas que afrontar él en la mayoría de los casos.

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Esta persona se dio cuenta de que no tenía tiempo para hacer otras cosas, aparte de trabajar, y de que esta situación le estaba llevando a perderse momentos importantes de ocio, con su familia y con sus amigos, y de que le estaba afectando a la felicidad de su pareja y a la suya propia.

Tras esta reflexión, decidió que quería cambiar y salir antes de su trabajo.

Apoyándome en la técnica del desafío, que hace que las personas se exijan a sí mismo más de lo que creen que son capaces de hacer,  esta fue nuestra conversación.

– Te reto a que salgas todos los días a las 7 de la tarde.

– Uf, ¡imposible!

– Pero tú me habías dicho que querías salir antes de tu trabajo.

– Si, pero no puedo.

– Entonces, ¿Qué vas a hacer?

– Está bien, voy a intentar salir a las 8, pero me va a costar.

La técnica del desafío funcionó.

Cuando nos vimos, a los quince días, me contó que lo había intentado, que algunos días lo había conseguido pero otros no. “Yo sé que lo tengo que hacer, pero es muy difícil”, me dijo.

Para ayudarle a conseguir su cambio, la recomendé una herramienta que utilizamos también en coaching, que consiste en crear una estructura. Esto es, cualquier cosa que te recuerde que tienes que realizar una acción. El objetivo es crear una disciplina. Estos son algunos ejemplos: ponerse alguna señal llamativa, bien sea un aviso en el móvil, en la agenda de la oficina, cambiarse la pulsera o el reloj de mano, ponerse una foto de su familia encima de la mesa de trabajo, o cualquier otro elemente que la recuerde que se tiene que ir a las 8.

Algo que también ayuda a cumplir con tu desafío es ponerte otro desafío, por ejemplo: Tengo que salir a las 8, porque a las 8,30 voy a ir al cine, o voy a quedar con unos amigos o voy a ir al gimnasio, etc. O también, adoptar un compromiso prolongado, como puede ser apuntarte a un curso, para que te obligue a irte a la hora que quieres salir.

Por último le pregunté:

-¿Y yo, como voy a saber que lo has hecho?

– Te enviaré un sms cada vez que lo consiga. Me contestó.

De esta manera ella sabía que yo también iba a estar pendiente de la evolución de su reto y dado el compromiso que ella había adquirido conmigo, a lo largo del proceso de coaching, yo sabía que se esforzaría aún más para conseguirlo.

Efectivamente, cuesta cambiar los hábitos que nos han acompañado durante muchos años y los tenemos profundamente arraigados y registrados en nuestro cerebro. El psicólogo William James, que investigó sobre esta materia, llegó a la conclusión de que para que una conducta o comportamiento se convierta en un hábito sostenido e inconsciente, es necesario repetir dicha conducta por un mínimo de 21 días. 

Pero es posible. Todo es cuestión de practicar, de ayudarte con alguna estructura que te  lo recuerde e involucrando a alguna persona. Así es como esta persona lo consiguió. Y lo que más le sorprendió es que no había pasado nada, seguía siendo la misma profesional que era y ahora además, estaba satisfecha en su papel de pareja.

Y una vez conseguido, acuérdate de celebrarlo. 

Coaching

Empatía o simpatía, ¿una obvia distinción?

Por Victoria Gimeno

El otro día Pablo me dijo: “Mi jefe es muy simpático, y cuando me ve siempre me da una palmada en la espalda felicitándome y diciéndome ¡ánimo campeón! Y  a por la próxima,   pero no comprende cómo me siento en este trabajo, no se me reconoce, no me lleva a las reuniones,  ni me aumentan el sueldo ni me promociona. Y yo tampoco me atrevo a decírselo porque no me da pie a ello”.

El jefe de Pablo es,  como el mismo dice, simpático pero no es empático.

La simpatía  es un rasgo de la personalidad, del carácter, algo que surge espontáneamente,  nace por afinidad hacia la otra persona, como podría ser hacia una obra de arte o a cualquier objeto. Que una persona te caiga bien afectivamente es simpatía,  ponerte en su pellejo,  sentir y pensar como él, aunque no lo compartas y sin juzgarle, es empatía.

La falta de  empatía de su jefe puede llevar a Pablo, aun siendo el mejor empleado,  a que se vaya de la compañía.empatia imagen

Como vemos, simpatía y empatía son independientes,  podemos  sentir por una persona una u otra, las dos o ninguna de las dos.

Mientras que la simpatía, es un don que no se puede aprender, la  empatía es  una habilidad, se puede aprender y entrenar.

El jefe de Pablo si no se entrena, no entenderá lo que necesita este para seguir desempeñando su trabajo, no podrá negociar con él.  Y si Pablo se va, no entenderá por qué y no le perdonará y se enfurecerá.

Sin empatía, no podemos desarrollar el resto  de habilidades de la inteligencia emocional que son las que nos hacen tener éxito, por ejemplo, no entenderemos ni conoceremos nuestras emociones, no seremos capaces de gestionarlas, tampoco encontraremos razones para motivarnos y así motivar a los otros, ni desarrollaremos  relaciones efectivas con los demás.

Ahora  que sabemos que la empatía se  puede entrenar, vamos a dar unos consejos al jefe de Pablo para que lo haga:

  1. Que escuche, no solo sus palabras, también sus gestos y su corporalidad. Lo que dice y lo que no dice
  2. Que  detecte sus emociones
  3. Que no juzgue
  4. Que se ponga en sus zapatos,  con las experiencias anteriores que tiene Pablo, con sus creencias, con sus circunstancias
  5. Y que se tome su tiempo

Hoy nos hemos centrado en el jefe de Pablo, otro día nos centraremos en Pablo,  en ¿para qué Pablo no habla con su jefe?

Coaching

Empezamos de cero: Una nueva oportunidad

Por Arantza Ríos

La protagonista de esta historia se llama Juana. Juana es madre de familia numerosa, tiene un cargo directivo en una empresa y un marido con una gran pasión: la caza. Esta pasión del marido ha producido muchas amarguras a Juana debido a que, en época de caza, durante los fines de semana, su marido salía muy temprano y regresaba el domingo por la tarde. Cuenta Juana que en ocasiones, siendo los niños pequeños, alguno se le ha puesto enfermo, lo ha tenido que llevar al hospital de urgencias y para que los otros no se quedaran solos, ha tenido que pedir a su madre o a alguna amiga que fuera a su casa, para quedarse al cuidado de sus otros hijos hasta que ella regresara. Cuando su marido volvía de caza, ella le reprochaba que la había dejado sola y que además de ocuparse ella de todo, había tenido que arreglárselas pidiendo ayuda a otras personas. Ante esta situación, ella, me explicaba, que se sentía triste, furiosa e insatisfecha de su relación.

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Hace algún tiempo coincidí con Juana y le pregunté, entre otras cosas, por su marido y si seguía cazando. Ella me contesto que sí y  que había decidido no amargarse más la vida. En este sentido, ella me explicó que se había dado cuenta de que su marido nunca iba a dejar de cazar y de que además, prefería ver feliz a su marido volviendo de caza, que verle malhumorado por no haber ido, a pesar de la carga que esto suponía para ella.

En esta ocasión, Juana vio que podía haber distintas opciones: que su marido cambiara, negociar con él para que él se quedara algunos fines de semana y ella saliese, asumir que sobre este asunto no iba a cambiar, etc. Después de evaluar los pros y los contras  de cada alternativa decidió que lo mejor para sentirse bien y para el bienestar de su relación y de su familia, era asumir que su marido no iba a cambiar.

Esta decisión supuso para ella pasar de un estado de RESIGNACIÓN donde Juana se sentía víctima, a la ACEPTACIÓN, una decisión que le permitió “pasar página” y “quitarse una losa” que le hacía sentirse mal. Sin duda, Juana nos ha enseñado una manera de cómo afrontar, de forma responsable y práctica, circunstancias que no están en nuestra mano cambiar.

Cuando una persona está en una situación de RESIGNACIÓN, nuestra labor como coachs, es empujarles hacia la ACEPTACIÓN. Esto le ayudará a liberarse de esa carga y a vivir mejor. No es un proceso sencillo pero vale la pena intentarlo.

Ahora te propongo que te preguntes: ¿tengo algo que ACEPTAR en mi vida?

Coaching

Atrapado en tus quejas

Por Arantza Ríos

¡Qué fácil es quejarse y que difícil es cambiar!

Constantemente escucho a personas de mi entorno quejarse continuamente de su situación.

He aquí un ejemplo. Se trata de una persona, empresaria, con un negocio muy exitoso, que cada vez que hablo con ella se queja de que está desbordada de trabajo, que llega tardísimo a casa y que se siente muy cansada. El otro día me decía: “no puedo más, resulta que para colmo esta semana ha estado mi madre enferma y he tenido que ocuparme de llevar y traer a mí hija de todas las actividades extraescolares, cosa que hace siempre mi madre; y con el trabajo que tengo, estoy desbordada, no puedo más, me siento fatal”. Entonces le pregunté: ¿y tú que puedes hacer? Y ella me contestó: pues nada. Y seguí preguntándole: ¿y por qué no coges a alguna persona más en la empresa para que te ayude? No, eso no. ¿Y por qué no dices que no a alguno de los nuevos clientes que solicitan tus servicios? No, no puedo hacer eso, ¿Y por qué no estableces algún acuerdo de colaboración con alguna otra empresa o persona? No, tampoco. Y ya le dije, ¿y qué pasaría si te pones enferma y te tienen que hospitalizar? Pues trabajaría desde el hospital. ¿Y si no puedes trabajar? Pues que tendría que cerrar el negocio.espiralweb[1]

Como podéis ver esta persona no está dispuesta a hacer ningún cambio, pero continúa quejándose día tras día. Está presentando un estado de QUEJA, en el que se resiste a cambiar y se siente víctima de las circunstancias que está viviendo, produciéndose además en ella emociones negativas tales como la rabia, la tristeza, la angustia, etc. Sin embargo, ella no es consciente de que está en ese estado de queja. Ella está criticando una circunstancia que le está afectando, sin más.

Estamos de acuerdo en que si uno no quiere cambiar tiene que asumir las consecuencias que esto tiene en tu vida. En el caso de esta persona podría ser hasta perder su negocio después de tantos años de éxito.

¿Qué podemos hacer cuándo nos encontramos ante este estado?

Lo primero sería darnos cuenta de que estamos en ese estado. Esto es lo que precisamente se hace en un proceso de coaching: ayudar a las personas a que sean consciente de su situación de queja. Y después, tendríamos que averiguar qué es lo que le provoca la queja. Por ejemplo, en este caso, tendríamos que ver si es la falta de apoyo de su madre, el tenerse que ocupar de tareas que haría un tercero, el hecho de estar desbordada, etc.

A continuación preguntarnos: ¿Queremos cambiar esta situación?

Si decidimos que queremos cambiarla, la siguiente pregunta a hacernos sería: ¿Cuál sería tú situación ideal?

En el caso de esta persona la respuesta podría ser: tenerlo todo organizado para casos de emergencia o imprevistos.

Y por último tendríamos que preguntarnos: ¿Qué podemos hacer para llegar a esa situación?

Siguiendo con el ejemplo, le preguntaríamos: ¿Qué puedes hacer para tenerlo todo organizado para casos de emergencia o de imprevistos?

A partir de esta pregunta se abren una serie de alternativas que la persona en cuestión tendría que ir valorando para elegir la mejor de ellas.

Haciendo este ejercicio le habremos ayudado a esta persona por un lado, a que sea consciente de su situación de queja y por otro, a qué vea un abanico de nuevas posibilidades de actuación que hasta entonces no era capaz de ver por sí sólo.

Coaching

Mostrar gratitud

Por Victoria Gimeno

La gratitud es una emoción que consiste en que nos sentimos satisfechos con lo que nos dan, ya sea otra persona o el mundo en general.

Es una emoción muy positiva, que nos hace sentirnos felices y que es incompatible con sentirnos desgraciados y víctimas,  y cierra la puerta a las  emociones negativas como la ira, el resentimiento, tristeza o la rabia. Y sin embargo abre la puerta a la alegría, a la tolerancia y a la generosidad.

Muchas personas  no agradecen nada porque creen que se lo merecen todo. Otras  tienen una serie de creencias que les limitan a la hora de mostrar su gratitud, creencias como pensar que la gente hace las cosas por su propio interés o esperando un favor.  Estas creencias, ¿para qué nos sirven, si no nos hacen sentirnos bien ni  tampoco nos sitúan en un mundo feliz, sino todo lo contrario?

Muchas veces me encuentro con jefes que no agradecen a sus subordinados la realización de una tarea porque lo consideran parte de sus obligaciones y su sueldo, y con ello solo consiguen que estos pierdan su motivación y compromiso.

¿Quién no sé siente bien cuando hacemos un mínimo  gesto a alguien que nos lo agradece con cariño y de corazón? El agradecimiento genera lazos entre la gente, buenas relaciones, nos hace ser simpáticos y caer bien.

La gratitud hace que te fijes en lo positivo, te ayuda a relativizar los problemas, a aprender de ellos y a salir de las dificultades y crisis en las que te encuentres.gratitud 2Muchos piensan que el agradecimiento es decir ”gracias”,  pero no es así. Si bien es una de las expresiones del mismo,  en realidad es decir “gracias “, no solo con la palabra, también con una mirada,  con una sonrisa, con una caricia, con todo tu cuerpo. No como un gesto mecánico.

Tampoco mostrar gratitud es fingir o engañarnos a nosotros mismos, cuando algo no nos gusta, no tenemos que mostrar gratitud. Simplemente es apreciar el esfuerzo, lo que hacen por nosotros, los momentos que nos ofrecen. Es buscar lo positivo a tu alrededor.

¿Cómo serían nuestras relaciones y el mundo si todos mostrásemos gratitud, si todos valorásemos lo que nos dan?

Desde El blog de Ava, te animamos a que practiques la gratitud. Empieza hoy mismo.

Haz tu lista cada noche de al menos tres cosas buenas que te hayan pasado cada día y que quieras agradecer, seguro que las encuentras. Y cada mañana agradece que hayas despertado, que tengas un día por delante en el que pueden suceder cosas maravillosas. Y agradece al camarero el café de la mañana, y a tu equipo que hacen las cosas lo mejor que pueden y a tus padres que se preocupan por ti, y a tus hijos que te quieren… ¡¡¡ Hay tanto que agradecer!!!

Coaching

Cómo saber si soy una persona PAS (II parte)

Por Arantza Ríos

Desde que Susana supo que era PAS su vida cambió. Se encontró más consigo misma, descubrió cosas que le hicieron sentirme más segura y fue una Susana más plena, con más recursos, más completa. Se puso manos a la obra y empezó a aprovecharse de ese don que tenía por ser PAS.

Fue más consciente que nunca de cómo le afectaba el stress y buscó todos los recursos a su alcance para hacerle frente, vencer el stress fue una de sus principales batallas. Se dio cuenta de que su familia, sobretodo sus hijos que derrochaban alegría,  era una fuente de energía y una vacuna antistress, por lo que trataba de pasar todo el tiempo que podía con ellos. También, descubrió situaciones y escenario que le reportaban calma y bienestar, como la naturaleza, un paisaje bonito y los entornos rurales. Antes no era consciente de ello y ahora lo iba identificando e iba en su búsqueda.personas-altamente-sensibles

Empezó a darse cuenta de cómo los comportamientos y actitudes de otras personas, hacía ella, le podían influir con tanta fuerza.  Y También, de su preocupación por las personas de su alrededor, para que se sintieran siempre bien y desde entonces, comenzó a verlo como algo natural.

Fue entonces muy consciente de la sensación que le transmitían los espacios, la decoración de un determinado lugar, la posición que ocupaba en una mesa de un restaurante, en una cena con amigos, y procuró, siempre que pudo, aprovecharse de ello y buscar lugares y posiciones que le trasmitían sensaciones positivas.

Aumentó su curiosidad por observar en personas de su entorno, compañeros y amigos, comportamientos y actitudes propios de PAS, llegando a reconocerlas e  identificarlas claramente en algunos de ellos. Hasta ahora, nunca se había parado a pensar en esto y ahora, era capaz de reconocer a otros PAS. Esto le hacía sentirse mejor, se daba cuenta de que no era la única persona así, pero sin embargo, en la mayoría de las ocasiones no se atrevía a compartirlo con estas personas por miedo a que no lo entendieran y en consecuencia lo rechazaran.

Ya que la empatía era una de sus grandes capacidades, decidió dedicar más tiempo a conversar y a entender a los demás y a prestar más atención a las necesidades de los que la rodeaban. Se convirtió en una persona más cercana y más abierta, aún. Pensaba: “si no lo hago yo, que soy PAS, ¿quién lo va a hacer?”

En alguna ocasión, en la que se ponía de manifiesto su lado sensible y sus compañeros la tachaban de ello, llegó a decirles que eso era debido a que era una persona PAS, aunque todavía no se atrevía a decirlo muy alto por miedo al qué dirán, porque ahora sí que era plenamente consciente de que las personas con menos sensibilidad no lo entienden, porque ellos no lo viven así.

Desde entonces, estaba muy atenta para seguir descubriendo en ella nuevas capacidades como PAS, al mismo tiempo que le restaba importancia a todo aquello que, por su gran sensibilidad, le afectaba negativamente y trataba de disfrutar de su don y compartirlo con los demás. La nueva Susana era una Susana más feliz.

Coaching

Los peligros del control excesivo

Por Victoria Gimeno

Steve Jobs consideraba que el trabajo en equipo depende de la confianza en que los demás hagan su parte sin requerir supervisión. Además añadía que si quieres tener buena gente trabajando, tienes que dejarles que tomen decisiones, ya que de otra forma los mejores no querrán quedarse.

En mi trabajo como coach, me encuentro a menudo personas muy estresadas que necesitan controlar todo el trabajo de sus subordinados, de forma que no son capaces de delegar absolutamente nada, y sin ellos  saberlo, ni quererlo, están transmitiendo a sus empleados que no saben hacer su trabajo, que  este solo se puede hacer a su manera, que no tienen ni la formación ni las habilidades para desempeñarlo, que no pueden aportar nada útil… en definitiva, que no confían en ellos.

Esta forma de dirigir, que no de liderar, hace que las personas que dependen de ellos o bien se sometan o se rebelen. Los empleados sometidos, cumplen órdenes, dejan de involucrarse, de tomar decisiones, de comprometerse y de responsabilizarse, además les baja su autoestima y motivación. El exceso de control lleva a más control, se convierte en uno de esos círculos perversos de los que cada vez es más difícil salir.

Por su parte, los que se rebelan se saltan las reglas, se quejan, y si tienen oportunidad harán fracasar cualquier proyecto.

El directivo excesivamente controlador, seguramente se cree muy responsable, busca la perfección aunque esta no exista, quiere por supuesto alcanzar los objetivos, probablemente no quiere impedir el desarrollo profesional de sus colaboradores y quiere que estos se comprometan como él, pero, ¿es esto lo que consigue?

Los grandes líderes de la historia  tienen en común ser capaces de dirigir equipos, distribuyendo  el trabajo entre ellos y permitiendo que estos  desarrollen al máximo su potencial.delegate_authority_king_621555

El control excesivo, roba tiempo, tiempo para emprender nuevas tareas,  buscar otras soluciones, fijar estrategias, definir alternativas, tomar decisiones, ayudar a crecer a su equipo y facilitar el cambio. Por supuesto, esto no quiere decir que no pueda coexistir un sistema de supervisión con la delegación de tareas.

Sabemos que  quien delega no solo suma logros, sino que los multiplica. Entonces, ¿para qué no vas a delegar?

Coaching

Tú eliges: esclavitud o libertad

Por Victoria Gimeno

No perdonar es llevar una losa a la espalda, es no poder mirar y entrar en el futuro, no pasar página y sentir una y otra vez, resentir, el agravio, la traición, el engaño, el abandono, la rabia, el deseo de venganza, el odio o el dolor que nos causaron.

Nietszche definía el resentimiento como la emoción del esclavo, “no porque el esclavo sea resentido, sino porque quien vive en el resentimiento, vive en la esclavitud”.

Al único que perjudica el resentimiento es a nosotros mismos. La otra parte, “el depredador”, mientras tanto  no siente nada, no le pasa nada, no tiene ningún problema. El rencor nos destruye por dentro, nos encarcela, nos deprime y nos aísla, cerrándonos  las puertas al crecimiento personal y al aprendizaje.

Cuando perdonamos, por el contrario, nos estamos beneficiando a nosotros mismos, no al otro. No estamos liberando al otro, sino que nos estamos liberando a nosotros mismos.  Pensar que al perdonar estamos justificando al otro es un error, lo que hizo  si estuvo mal no lo disculpamos, tampoco implica que lo olvidemos, ni que volvamos a relacionarnos con él,y si no satisfizo nuestras expectativas, pues eso no podemos cambiarlo, pero lo que si hacemos al perdonar es dejar de llevar ese peso a nuestra espalda, liberarnos de todas las emociones negativas que nos produce el resentimiento, odio, deseos de venganza, ira, desconfianza, baja autoestima… todas emociones que son incompatibles con la felicidad, además de tener graves consecuencias para nuestra salud.

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El psicólogo Norberto Levy dice que perdonar y comprender son conceptos muy parecidos y lo que facilita el perdón es la comprensión.  En este sentido,nos deberíamos preguntar qué le pasó a la otra  persona para hacer lo que hizo, cuál era la brecha entre su  expectativa  y la nuestra, y en qué pudimos nosotros contribuir a que nos hirieran.

A corto plazo, no perdonar nos beneficia porque la culpa no está en nosotros, ¡pobres víctimas!, pero si no asumes parte de tu responsabilidad, como ya hemos escrito en este blog,  “si no formas parte del problema, no formas parte de la solución”.

El resentimiento es una conversación interna, que tienes contigo mismo, y una y otra vez te recuerdas el daño que te ha causado, te alimentas de mal rollo, te carcome por dentro, no das tregua al sufrimiento, ni al odio, ni al deseo de venganza.

Después de todo lo que he escrito, ¿para qué no vas a perdonar?. Te recomiendo el siguiente ejercicio:

Coge un bolígrafo y un papel, y escribe una lista de las personas a quienes no has perdonado, y a la derecha de cada nombre pon lo que hicieronCierra los ojos, y diles que les perdonas, no que les validas, ten una conversación con cada uno de ellos.

Ahora haz otra lista, esta vez escribe los nombres de las personas a las que tú has agraviado y no has pedido perdón,  a su derecha  pon lo que tú les hiciste. Cierra los ojos y pídeles perdón, aunque nada pueda cambiar y ellos no lo puedan olvidar.

Por último, haz otra lista, y escribe todo lo que te tienes que perdonar a ti mismo, todo aquello de lo que te sientes culpable. Vuelve a cerrar los ojos y perdónate a ti mismo.

Coaching

Las malas pasadas que nos juega el stress

Por Arantza Ríos

Cierto nivel de tensión te mantiene alerta pero sobrepasado este nivel, todo se vuelve en tu contra.

Cuando vivimos épocas de stress nuestro umbral de atención es muy bajo y todo ello se refleja en que estás más distraído, más irascible, más lento de reflejos, disminuye tu capacidad para tomar decisiones, pierdes memoria, etc. Entonces, ante una situación imprevista tu capacidad de respuesta y nivel de atención bajan.

Veámoslo con este ejemplo que me ocurrió. Un día, estando en unos grandes almacenes, a las afueras de Madrid, me olvidé el bolso en un cuarto de baño y alguien me lo robó. En el bolso llevaba el móvil, mi cartera y la de mi marido y en las carteras, ambos llevábamos varias tarjetas de crédito, documentación, etc.

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Ante esta situación, mi reacción fue primero de angustia, al pensar “si ya no me da la vida para lo que tengo que hacer, ¿de dónde voy sacar el tiempo para volver a solicitar toda mi documentación, tarjetas, etc.?” y después, de bloqueo y pérdida de memoria. Llamé para cancelar algunas tarjetas y al rato era incapaz de recordar qué tarjetas había cancelado y cuáles no, por lo que tuve que realizar varias llamadas para una gestión tan sencilla como esta. Me estaba resultando una losa tremenda realizar estas gestiones.

Mientras tanto, mi marido, pensó: “que suerte, al menos tengo las llaves del coche y las de casa para poder regresar y entrar”. El realizó todas sus gestiones con calma y eficacia. En un momento había cancelado todas sus tarjetas, además de cancelar mis móviles y continuó ayudándome a mí con mis gestiones.

La conclusión que saqué de esta experiencia es que el olvido del bolso en el cuarto de baño es una señal de que mi nivel de atención por las cosas ha disminuido. También podéis pensar que un olvido lo tiene cualquiera, pero no fue el caso. La diferencia entre olvido por distracción y olvido por el bajo nivel de atención, causado por el stress, es la respuesta que yo tuve: angustia, bloqueo y pérdida de memoria.

A través de este ejemplo podemos ver que, ante una misma situación, dos personas reaccionan muy diferentemente en función de cuál sea el grado de stress al que están sometidos en ese momento.

Para reducir el nivel de stress, ATREVETE a:

Delegar, con ello beneficias a las personas en las que delegas, porque les ayuda a desarrollarse y a ti porque reduces tu carga de trabajo. No te escudes en pensar que pierdes el control o el poder, en que tú lo haces mejor que los demás, etc.

Decir que no cuando sabes que ya vas a tener dificultades en cumplir los plazos con la actividad que tienes y te siguen solicitando trabajos.

Pedir o buscar ayuda cuándo lo necesites, y antes de estallar. Verás cómo las personas que te aprecian estarán encantadas de ayudarte.

Intentar trabajar más en equipo. El equipo suma más que las partes.

No dejar toda la energía en el trabajo. También necesitas energía para afrontar las actividades posteriores a tu jornada laboral.

Y por supuesto, intenta dedicar todos los días algo de tiempo a hacer alguna actividad que te guste: practicar algún deporte, leer, ir al cine, meditar, dar un paseo, cenar o comer con amigos, con tu familia, etc. Mantén tu Plan Energético siempre activo.

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