Por Arantza Ríos

Nunca se me había puesto tan de manifiesto la diferencia de modelos mentales que existen, como este fin de semana.

Recientemente en nuestras vidas ha entrado un nuevo miembro en la familia. Se trata de un estudiante, adolescente, de 17 años, de un país europeo. Y….me está costando entenderle.

De su estancia en España no le interesa nada más que aprender español y hacer amigos.

Cuando le vemos recostado en el sofá le proponemos planes para hacer, pues pensamos que está aburrido, y ante cualquier plan que le propones: montar en bici, ir al retiro, ir a un espectáculo de magia, etc. te mira con cara de desgana. Su única preocupación es conseguir abrir una cuenta en twenti para poder contactarse con sus nuevos amigos españoles. ¡Ya la tiene!

En el otro extremo está la abuela, de 87 años. A la que tienes que contarle los planes con cautela, porque por ella se apuntaría a todos: a montar en bici, en barca, etc. ¡Pero donde vas, si no puedes casi andar!

Y luego está el de mi marido. Ayer salimos en bicicleta con el adolescente y me quedé retrasada porque se me salió la cadena y al final tuve que pedir ayuda a un amable señor argentino, que me ayudo. Cuando llegue a la entrada de casa me encontré, con gran sorpresa, con qué nadie me estaba esperando: ni la adolescente, ni mi marido. Y yo, con mi modelo mental pensé: “cuando salen tres personas juntas a montar en bicicleta, tienen que esperarse hasta que estén los tres para volver a casa juntos”.

Me doy cuenta de que mi modelo mental no coincide con el de los demás. Y sabéis que he observado: ¡que me genera mucha frustración! Porque yo estoy esperando respuestas o acciones diferentes a las que recibo.

Así que con el fin de tener una sana convivencia en familia, me he propuesto:

– tener muy presente que cada persona tenemos nuestro propio modelo mental,

no aplicar el mío a las situaciones que se me presentan y

entender y no criticar los otros modelos mentales.

Seguro que de esta forma voy a ser mucho más feliz y ellos también.

Y por último, una reflexión: si nos sorprendemos con el modelo mental de personas tan cercanas, imaginaros entonces lo peliagudo que puede llegar a ser el  aceptar los modelos mentales de las personas de las que no tenemos un conocimiento tan profundo (jefes, compañeros, colaboradores) pero que igualmente nos conviene mantener una convivencia sana. ¡Todo un reto!

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