Por Ana Herranz

Cuando existen posibilidades de promoción en una empresa, los que evalúan a los posibles candidatos, la pregunta que intentan resolver es ¿Quién de todos los posibles candidatos tendrá menos dificultades para ejercer de forma efectiva en el nuevo puesto?

Es decir, el análisis que se hace, es determinar el “gap” de experiencia, conocimientos o habilidades de  los candidatos para ver quién es el mejor preparado.

Muchos candidatos erróneamente piensan que este análisis se hace en un momento muy concreto y basándose en los resultados y rendimiento y concluyen “ok, me esfuerzo por tener buenos resultados y los jefes notarán que soy el mejor”.

Pero la realidad no funciona así. Y seguro que si lo pensáis tenéis ejemplos de gente con muy buenos resultados que no es la que ha ascendido.

Hay que adelantarse a este momento y hay que ser proactivo. Hace poco leí que un estudio donde se medían los motivos por lo que la gente promociona, la conclusión era que solo el 30% depende del rendimiento.

Y el otro 70% ¿qué es? Pues básicamente tu exposición y visibilidad en la compañía, las relaciones que forjas y como comunicas. De forma que cuando llegue ese ansiado momento en que hay que cubrir una vacante, alguien dice, “fulanito es perfecto para el puesto” y fulanito se coloca con el 90% de las opciones, y el resto con cara de póker sin ni siquiera la opción de intentarlo.

¿Qué ha hecho fulanito? Pues hacer ver que en su caso no existe ningún “gap”, y que está preparado para ejercer en el nuevo puesto desde el primer momento.

¿Eso cómo se hace? Os voy a poner un ejemplo de ayer mismo. Estaba hablando con un alumno brillante que me decía que estaba intentando promocionar pero además moverse de Operaciones a Comercial dentro de su organización porque había visto que los puestos de mayor influencia en la Compañía eran los del área comercial. De lo cual, por cierto, estoy absolutamente de acuerdo y ocurre en la mayoría de las compañías. Me decía, no sé cómo generar más relaciones y visibilidad con ellos porque te miran por encima del hombro.

Le decía, es que eres un extraño, eres del campo contrario, te tienes que camuflar, para que te consideren de su tribu. Cada vez que hables con ellos, tienes que hablar en su lenguaje. Es decir, si estás trabajando en mejorar la distribución del producto, no hables de que has hecho reingeniería de procesos, que has bajado el coste de no sé qué, o de que has mejorado la cadena de suministro. Tienes que hablar de que estás trabajando para ayudarles a conseguir más clientes y a fidelizarlos. Y cuento te pregunten cómo, explicas que vas a reducir los tiempos de entrega y eso les permitirá competir mejor, que los clientes estén más satisfechos, etc.

Me preguntó, ¿quieres decir que tengo que comportarme como si ya tuviera el puesto que quiero? Efectivamente, eso es exactamente lo que quería decir. Eso es lo que supone que los demás perciban que no existe ningún “gap”, que ya entiendes y conoces las reglas del juego y que te mueves por los mismos objetivos.

Piensa cual es el lenguaje que has de usar para el puesto que quieres conseguir. Tu comunicación es clave. Si no lo haces bien, nunca serás percibido como el candidato idóneo, porque se te considerará bueno para lo que haces, no para otra cosa diferente.

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