Por Arantza Ríos

Cuando íbamos a adoptar a Pepa, una perrita mestiza,  de ocho años, que sus últimos siete años los había vivido en una casa de acogida,  la gente me decía: “ya verás, os va a dar mucho cariño y os va a enseñar muchas cosas”. Y así ha sido.

Lo que más me ha impactado ha sido su capacidad para salir adelante cuando estuvo gravemente enferma.

Tan sólo llevaba quince días en casa, cuando de repente y sin saber por qué, perdió la vista y la movilidad en el lado izquierdo de su cuerpo.

La perrita no se sujetaba de pie por lo que necesitaba ayuda para todo: para comer, para hacer sus necesidades, para andar por la calle, etc. Además, como no veía, se chocaba con todo tanto en la calle como en casa. ¡Llegué a tener que atarla, dentro de casa, para que  no se moviera y evitar así que se golpeara!

Dos días fueron los que Pepa tardó en darse cuenta de su nueva situación, aceptar su enfermedad y desarrollar capacidades para adaptarse a sus limitaciones. Un viernes por la tarde, en casa, se tropezaba con todo, pensábamos que iba a ser imposible tenerla y el domingo, ya había aprendido a esquivar todos los obstáculos que había en la casa: los muebles, los radiadores, etc. De tal forma, que no se le notaba que no veía salvo que movieras alguna silla de su sitio, pues entonces, se tropezaba con ella.

Nunca lloró ni se quejó, a pesar de que se golpeó más de cien veces, muchas de ellas con cosas metálicas que estoy convencida de que le provocaban dolor. Lo único que hizo fue luchar para salir adelante y en esta lucha encontró capacidades en las que podía apoyarse para sobrevivir, probablemente el olfato, la orientación, etc…

Y de ahí es de donde nace mi gran admiración y ejemplo a seguir para afrontar situaciones de este tipo que nos pueden sobrevenir en la vida. Nadie sabemos lo que nos deparará el futuro, ni si perderemos de forma espontánea alguna de nuestras capacidades, pero de lo que estoy convencida es que todos nosotros tenemos otras capacidades y recursos en las que nos podremos apoyar para seguir adelante. Para ello, nos tocará tenerlas presentes y desarrollarlas.

En mi opinión, la “aceptación” y “adaptarse o morir” son dos grandes aliados, que están al alcance de todos nosotros  y que si los practicamos veremos como las situaciones difíciles de la vida, a las que nos enfrentamos, se hacen más llevaderas.

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