Por Arantza Ríos

Sábado, 9 de la mañana y recibo por WhatsApp la primera foto de una magnifica flor encontrada durante el paseo matutino de mi amiga; diez minutos después recibo la segunda, en la que aparece un esplendoroso árbol en flor, cinco minutos más tarde, una foto de un estanque, y así sucesivamente va compartiendo conmigo las fotos de las plantas, árboles, pájaros, que se va encontrando a lo largo de su paseo. Y yo me doy cuenta, de que según avanza su paseo, su estado de ánimo va cambiando.

Recientemente ha caído en mis mano, está cita, que trascribo, del Word Economic Forum (wef.ch/es): “Está científicamente comprobado que el “baño forestal” mejora la salud. Japón lanzó un programa de salud de “Shinrin-yoku” en 1982. Shirin-yoku significa pasar más tiempo con los árboles sin correr ni entrenar, sólo contemplación tranquila cerca de los árboles. Japón ha estado estudiando los efectos físicos y psicológicos del “baño forestal. “No se trata sólo de aire fresco, los árboles emiten aceites como protección contra gérmenes e insectos. Estos aceites, llamados phytoncides, ayudan a nuestro sistema inmunológico. Los estudios encontraron que los bosques bajan nuestra presión arterial, los latidos de nuestro corazón y reducen las hormonas del estrés. “Los baños forestales” reducen la depresión y aumentan la energía. Los bosques son un bálsamo para los niños de la ciudad y para aquellos que quieren escapar de la tecnología. El contacto regular con la naturaleza, realmente mejora nuestro bienestar.

Yo misma lo he experimentado esta mañana. Al irse mi familia y quedarme sola, me sentía triste. He salido al parque con mi perra y hemos continuado andando hasta llegar al campo y al ver lo verde que  estaban los campos de trigo, me he quedado muy impresionada, pues nunca los había visto tan verdes, y he notado que mi estado de ánimo ha empezado a cambiar y después de un paseo de una hora, he vuelto a casa con muy buen humor.

Y es que cuando voy al campo y comienzo a sumergirme en él y observar los distintos tipos de flores y arbustos, sus colores, sus olores, los árboles, la riqueza de las formaciones rocosas, las mariposas volando, etc., me doy cuenta de que me abstraigo de mi mundo y de mis preocupaciones. Además, el hecho de no escuchar ruidos estridentes, me trasmite calma y quietud. Es una experiencia, en las que se estimulan los cinco sentidos. Esto es, el olfato, con los diferentes olores de las plantas, arbustos y árboles; el tacto, al acariciar las hojas de los árboles y las flores y a través de los pies, al caminar; el oído, a través del silencio, del ligero sonido del viento y de los pájaros; la vista, a través de la gran variedad de colores que proceden de la vegetación, del cielo, las formas de las nubes e incluso el gusto, al probar las moras que encuentras en el camino o las conocidas vinagretas que tanto les gustan a los niños.

Es una actividad que puedes hacer sólo o en grupo y de la que, tanto si te gusta el campo como si no, saldrás beneficiado. Especialmente, para los que vivimos en ciudades, un paseo por la naturaleza es una forma sencilla y al alcance de todos, de mejorar nuestro bienestar, y romper con nuestra rutina. También podemos conseguir estos efectos con un paseo consciente, por un parque cercano. Ahora, ya sólo tienes que probarlo y observar los beneficios mientras que yo voy preparando mi próxima excursión.

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