Negarse a crecer

El síndrome de Peter Pan

O negarse a crecer

Por Victoria Gimeno

Irremediablemente crecemos. Trabajamos, formamos una familia, nos vamos de la casa de nuestros padres,… Y por supuesto,  la vida nos da golpes bajos, de los que tenemos que defendernos nosotros.

Sin embargo existen personas que no quieren crecer, que quieren seguir bajo la protección de Wendy o encontrar una Wendy que lo haga.  Ya que ellos no quieren asumir las responsabilidades que conlleva ser adulto y por tanto, es difícil que su trabajo, su pareja y sus relaciones con los demás funcionen. En general se convierten así mismos en el centro del universo y los demás tienen que cuidarlos y amarlos, aunque ellos no hagan nada para merecerlo.

Coaching
Pánico a hablar en público

Miedo escénico

Pánico a hablar en público

Por Victoria Gimeno

Recurrentemente, en muchos de mis procesos de coaching, me encuentro a una persona brillante que parece que se va a comer el mundo y de repente, como tema tangencial, me muestra su vulnerabilidad por una presentación que tiene que hacer unos días después. Entonces empiezo la indagación sobre el grado de su conocimiento del tema, y lo curioso es que a pesar de su seguridad ese no es el problema. Su problema es el miedo o incluso pánico a hablar en público.

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Dar por hecho impide la comunicación

¿Para qué das por hecho?

“Dar por hecho” nos bloquea y nos impide actuar

Por Victoria Gimeno

Hablamos muchas veces de las creencias que tenemos sobre nosotros mismos, y sabemos que algunas nos limitan y nos impiden dar un paso adelante porque estamos seguros de que no vamos a poder enfrentarnos a una determinada situación; también hablamos de las creencias que nos empoderan y que nos dan tanta seguridad que somos capaces de cualquier cosa.

Pero hoy, no voy a hablar sobre las creencias que tenemos de nosotros mismos, sino de las que tenemos sobre los demás. Estas creencias pueden ser igual de limitantes o poderosas que las nuestras.

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La timidez se vence

LA TIMIDEZ NO LLEVA A NADA

Por Victoria Gimeno

¿Qué hace un tímido en una sociedad en la que importa sobresalir sobre el resto de la gente?  ¿Qué importa más, lo que eres o lo que vendes que eres?

La timidez tiene mucho que ver con la autoestima,  con el perfeccionísmo y  auto exigencia y con el miedo. También está muy relacionada con las etiquetas que nos han puesto de niños. Pero es que todos estos ingredientes, a su vez, son como redes que se comunican y auto alimentan unos a otros.

Un tímido tiene miedo a exponerse a los demás porque los demás le pueden juzgar, rechazar o menospreciar. Imaginad lo que significa esto en un proceso de búsqueda de trabajo o de cambio de trabajo, donde tienes que mostrarte, donde te miran con lupa para ver si encajas en sus  posiciones.

Además de sentir miedo, el tímido es inseguro, le falta autoestima, por lo que ante los demás se contrae. Es más, puede que sea más capaz que otros de llevar a cabo un cometido, pero al sentirse inferior, no lo hará o lo hará peor.

El hecho de sentirse juzgado, le lleva a ser muy exigente consigo mismo, a querer hacer todo perfecto y como ya sabemos y lo hemos leído muchas veces en el blog de Ava, la perfección no existe por lo que el tímido puede caer fácilmente en la frustración, y  para evitarlo no sale de su muro que le separa del mundo y no acomete nuevas empresas.

En definitiva, al tímido le falta una de las características que conforman la inteligencia emocional, la habilidad social.  Sin esta habilidad, desenvolverte en esta sociedad se hace sino imposible, si difícil.

Se ha escrito mucho sobre si con la timidez se nace o se hace, aunque no hay consenso, sí que es verdad que los demás pueden influir en ello, poniéndonos etiquetas, y haciéndonos sentir vergüenza en experiencias pasadas.

Pero también, la timidez se vence. Es importante reconocerla, acotarla, esto es, analizar en qué situaciones la padecemos, aceptarla. Como todas las emociones, su carga se reduce cuando se conoce. Es importante adquirir hábitos que rompan la coraza que hemos construido frente a los demás, obligarnos a relacionarnos, siguiendo unas pautas. Creo que entrenarse en la improvisación y ver que no pasa nada, ayuda también a vencerla.

Por último, estoy segura de que muchos de vosotros estaréis pensando que sois tímidos, y es que lo sois, porque el mundo está lleno de tímidos, en mayor o menor grado, algunos dando conferencias a grandes auditorios o conciertos de piano, o actuando en un teatro. La diferencia, es que algunos lo habéis trabajado más y no lo aparentáis.

La timidez no lleva a nada, ¿para qué no le plantas cara?

 

Coaching
Coaching sistémico

En busca de ti mismo

Entendiéndonos como parte de sistemas interrelacionados: coaching sistémico

Por Victoria Gimeno

¿Por qué un problema en el trabajo nos lleva a tener un mal día en nuestra casa?, ¿por qué el comportamiento de nuestra suegra afecta a la familia que hemos creado?, ¿por qué un amigo hace un comentario y tiembla nuestra pareja? Muy sencillo, todos formamos parte de sistemas que están interconectados y la crisis en uno de ellos, familia, trabajo, pareja, círculo de amistades, etc… , produce un sunami en el resto.

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Atrévete, no tienes nada que perder

Por Arantza Ríos

A muchas personas nos cuesta mucho pedir aquello que deseamos o necesitamos. Pensamos que los que nos conocen (nuestros jefes, compañeros, amigos, etc.) van a saber qué necesidades tenemos y nos las van a satisfacer porque nos aprecian, pero desafortunadamente esto no funciona así. En muchas ocasiones, no conseguimos lo que necesitamos pero no porque no quieran dárnoslos, sino porque ni siquiera saben que queremos algo.

Atreverse-al-futuro

Las peticiones nos las decimos a nosotros mismos, pero no se lo decimos a nadie más, por lo que no les damos la opción de complacernos.

Entonces, ¿qué tenemos que hacer para que la gente sepa lo que queremos? Lo primero de todo pedirlo. Pidiendo las cosas que uno desea no tienes nada que perder y sí, mucho que ganar. Veámoslo con un ejemplo. Un ejecutivo estaba deseando realizar un máster y no se atrevía a pedírselo a su jefe. Pensaba que le iba a responder a su petición con argumentos tales como “que ahora no es el momento”, “hay otras personas en el departamento que también van a querer hacerlo”, “estamos en época de recortes”, etc. Sin embargo, se atrevió, se lo pidió a su jefe, argumentándole los motivos que le movían a realizar ese máster y los beneficios que supondrían tanto para él como para la compañía y cuál fue su sorpresa, cuándo su jefe le respondió: ¿por qué no? Vamos a intentarlo, lo voy a proponer en el Comité.

Cuándo pides, pueden pasar dos cosas: que te digan que sí o que te digan que no. Si te dicen que sí, sales ganando respecto a tu situación inicial, y si te dicen que no, te quedas exactamente en la misma posición. Por lo tanto, atrévete, y pide. Eso sí, prepárate bien las razones y argumentos que sostienen tu petición.

A continuación, te muestro un ejemplo de cómo una persona le pide un cambio de comportamiento a su jefe, de forma eficaz, por sus reiterados retrasos a las reuniones:

“CUANDO TÚ llegas tarde a las reuniones, YO ME SIENTO defraudado. NECESITO sentirme valorado. Por ello, TE PIDO por favor que llegues pronto a las reuniones”.

En esta petición es clave, los aspectos señalados en negrita:

  1. Indicar objetivamente lo que el otro hace, debe de tratarse de un hecho observable, nunca de una impresión personal nuestra.
  2. Explicar brevemente como tú te sientes (triste, decepcionado, rabioso, etc., habla de tus emociones)
  3. Indicar la necesidad que necesitas cubrir, esto es muy importante para que el otro entienda para qué necesitas ese cambio.
  4. Realizar la petición de cambio

Verás que si utilizas esta técnica, obtendrás buenos resultados en tus peticiones.

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El sabio aviso del miedo

Por Arantza Ríos

Nos envejece más la cobardía que el tiempo, los años solo arrugan la piel pero el miedo arruga el alma. Facundo Cabral

El miedo es una emoción, que se produce ante una determinada situación. Es algo natural, que no podemos evitar sentir, pero sí somos -cada uno de nosotros- responsables de permanecer en esta emoción.

El miedo, además, esuna señal que alerta acerca de un problema, nos facilita información sobre una carencia. Veámoslo con un ejemplo: recientemente un excelente profesor, con muchos años de docencia, me dijo: el día que deje de ponerme nervioso antes de dar la clase, estoy perdido, me saldrá mal. ¡Esa es su señal!

Esta señal, como dice Norverto Levy, nos indica que hay desproporción entre la magnitud de la AMENAZA a la que nos enfrentamos y los RECURSOS que tenemos para resolverla. Haciendo uso de las matemáticas podríamos representarlo con esta ecuación:

AMENAZA>RECURSOS = MIEDO

Es decir, que el miedo se produce cuando la amenaza ante la que me enfrento es mayor que los recurso de los que dispongo para hacerla frente.

Veámoslo con un ejemplo: imaginemos a un domador de leones y a mí, metidos en una jaula de un circo y de repente, entra un león (el león es la AMENAZA). ¿Quién tendrá más MIEDO el domador o yo? Probablemente yo, porque los RECURSOS que dispongo para enfrentarme al león son mucho menores que los que dispone el domador, que sabe cómo tratar a los leones, conoce sus movimientos, sus reacciones, y sabe como domarlos.

Estas mismas situaciones de miedo se dan en el entorno laboral. ¿Qué podemos hacer cuando estemos en una situación de amenaza, que nos produce miedo? Revisar los recurso que disponemos para enfrentarla, identificar aquellos que nos faltan y trabajar para adquirirlos (por ejemplo formación, desarrollar habilidades de comunicación, de negociación, asertividad, etc.).

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Por otro lado, lo que nosotros nos decimos, nuestro lenguaje interior, también influye en el miedo. “El lenguaje no es inocente”.

Por ejemplo, supongamos que tenemos que impartir una conferencia, y ante la AMENAZA que supone impartirla, podemos actuar hablándonos a nosotros mismos, con estos dos tipos de lenguaje:

  • Lenguaje negativo (cuando me digo frases como seguro que me va a salir mal; me pondré nervioso como siempre, etc.)
  • Lenguaje positivo (cuando me digo: seguro que me va a salir bien, es una oportunidad para practicar y para detectar áreas de mejora).

Sin duda, en la segunda situación, hablándonos con lenguaje positivo, la probabilidad de que nos salga mejor la conferencia es mucho mayor que si utilizamos lenguaje negativo.

Como conclusión final: ¿qué podemos hacer para afrontar el miedo?

Lo primero de todo, Alíate con el miedo, te está alertando de una carencia.

Y después, ante situaciones de miedo:

  1. Haz caso a tu señal
  2. Revisa tu ecuación para fortalecer los recursos que necesites y
  3. Cuida tu lenguaje interior, hablándote siempre en positivo.
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No dejes que tus emociones te amarguen el día

Por Victoria Gimeno

El lenguaje tiene una fuerza muy grande, es como una piedra que se tira a un lago y salen ondas expansivas, mucho más allá del lugar donde ha caído.

Tanto lo que nos dicen los demás como lo que pensamos y nos decimos a nosotros mismos en nuestras conversaciones interiores, desata nuestras emociones que podríamos definir como reacciones psicofisiológicas. Así pues, si nuestro jefe nos dice que algo que pensábamos que nos había salido bien, ha sido un fracaso, reaccionaremos con angustia, enfado o tristeza; y si, aunque nadie nos lo diga, pensamos que no hemos hecho bien un trabajo, tendremos probablemente las mismas emociones.

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Las emociones, no solo pueden ser disfuncionales o negativas, como la ira, el temor, angustia, rencor, tristeza, celos, odio…; sino también pueden ser funcionales y positivas, como la alegría, felicidad, amor, plenitud, abundancia, serenidad, gratitud… Pero además son efímeras, aunque si no cambiamos la emoción en el caso de las negativas, podemos convertirlas en crónicas y que acaben siendo un estado de ánimo y lo que es peor una enfermedad. Por ejemplo si lo que nos dicen y/o lo que nos decimos a nosotros mismos, nos lleva a la tristeza y no nos apartamos de ella, sino que seguimos en esa emoción, podemos acabar en una enfermedad como la depresión, que es un estado de ánimo y como tal se vive en él de manera permanente. Las emociones no se eligen, son mecanismos de adaptación, pero lo que si se elige es continuar en la emoción.

Por eso, cuando tengo una emoción negativa, tengo que definirla, ponerle nombre, etiquetarla, hablarme a mí mismo sobre su procedencia, darme, también a mí mismo, un feedback en lenguaje positivo, elegir si quiero estar bien y cambiarla, valorar todo lo que tengo con gratitud, utilizar la empatía , ponerla en un contexto más amplio.. . y con aprendizaje. Además, siendo consciente de que si nuestras emociones negativas tienen su origen en otra persona, en nada pueden afectarle, a lo sumo pueden incomodarle, pero a los que si afectan es a nosotros mismos.

Es curioso, los seres humanos nos focalizamos en lo negativo y nos olvidamos de todo lo demás, por eso hacemos tan grandes los pequeños problemas.

Afortunadamente las emociones nos permiten también abrazarnos, decir te quiero, desearte un buen día y expresar nuestro agradecimiento.

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Si no tuvieras miedo, ¿qué harías?

Arantza Ríos

Si nos dejamos llevar por los miedos, estos pueden tener unas consecuencias muy negativas sobre nuestra carrera profesional.

Muchas veces, ante una promoción laboral, hemos escuchado el siguiente comentario: “No entiendo cómo han promocionado a este compañero y no a mí;  yo sé mucho más que él”. Es posible que esto sea cierto, pero también suele ser cierto que los buenos profesionales que además se arriesgan  y se exponen ante sus superiores, consiguen mejores resultados en su evolución profesional, que aquellos otro técnicamente brillante, pero que pasan desapercibidos. Si nuestro objetivo es progresar profesionalmente, de nada nos sirve ser muy buenos en lo que hacemos y mantenernos en el anonimato.

Por lo tanto, de ti depende, en gran medida,  tu evolución profesional.  La postura que adoptes ante el miedo será uno de los factores que  claramente va a contribuir positiva o negativamente sobre tu carrera profesional.

Cualquier miedo tiene asociado una serie de posibles efectos que se pueden producir y además,  todos ellos tienen en común que algo te pierdes cuando te dejas llevar por el miedo. Veámoslo con un ejemplo: El “miedo a no mostrarte”, puede tener como efecto “pasar desapercibido” dentro de tu empresa, y en consecuencia, lo que te estás perdiendo es “que no cuenten contigo”.

Otro ejemplo: “el miedo al cambio” podría tener como efecto “quedarte obsoleto, no avanzar” y en consecuencia lo que te estás perdiendo es “mejorar tu futuro y el de tu empresa”.

 No cabe duda que es más cómodo mantenerse en esa zona de confort, de no exposición, pero si te quedas ahí, tienes que asumir las consecuencias.

Entonces, ¿qué podemos hacer para salir de esta zona de confort? Primeramente, identificar  a qué tenemos miedo,  por qué y para qué nos  sirve; después analizar qué consecuencias este miedo puede tener en nuestro desarrollo personal y profesional y lo qué te estás perdiendo;   a continuación, reflexionar sobre qué podemos hacer para vencerlo ó minimizarlo y por último, decidir que queremos hacer con el miedo: afrontarlo y progresar o quedarnos tal y como estamos.  ¡Tú decides!

No somos responsables de tener miedo pero sí,  de permanecer en él.

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