Por Arantza Ríos

¿Crees que como tú piensas es cómo piensan los demás?

El otro día me comentaba una persona que quería mejorar la gestión de su equipo y que para ello, una de las cosas que tenía que hacer era desarrollarlo. También me dijo: “Con estos dos colaboradores ya se lo que tengo que hacer porque están como yo cuanto empecé a trabajar y tienen que pasar por el mismo proceso que yo he pasado”.

Seguimos conversando y me contó que otro de sus colaboradores era bastante mayor que él, pero bueno que con ese no tenía mucho que hacer, que seguro que le molestaba que le dirigiera alguien más joven que él. Y yo le pregunté: ¿en qué te basas? y él me contestó que su colaborador era más o menos de la edad de su padre y que no veía que a su padre le pudiera dirigir una persona más joven que él.

Esta persona está suponiendo que el modelo mental de sus colaboradores es el mismo que el suyo y esto es un error. Si no nos damos cuenta de esto, seguramente las decisiones y acciones que tomemos respecto a nuestros colaboradores no van a ser las más acertadas.

Para aclarar este tema, voy a hacer referencia al Modelo del observador. Según este modelo, cada uno de nosotros tenemos un Modelo Mental diferente (formado por nuestras creencias, imágenes, generalizaciones, miedos, juicios, etc.), que hemos ido nutriendo desde la infancia. Algunas tienen carácter biológico, otras provienen de nuestra cultura, nuestra familia, otras de nuestra propia experiencia.

En función de ese Modelo Mental, somos un determinado tipo de Observador y por lo tanto vemos el mundo de una manera. El modelo continúa diciendo que según el observador que somos, así actuamos y en función de cómo actuamos obtenemos unos resultados u otros.

En mi opinión, es trabajo de un jefe de equipo tomarse la molestia y tener una conversación individual con cada uno de los miembros de su equipo. Seguro que se sorprenderá de lo diferente que es cada una de las personas.

En general, todos hablamos de la importancia del capital humano para las organizaciones, pero nos cuesta dedicar tiempo a tener conversaciones con nuestros equipos y muchas veces, llegamos a conclusiones fruto de aplicar nuestro propio modelo mental, sin hacer el esfuerzo de contrastarlo con ellos. Si de verdad queremos desarrollar a las personas que colaboran con nosotros hay que invertir tiempo y preguntarles por sus expectativas, sus necesidades y cómo tu les puedes ayudar para conseguirlas o cubrirlas.

Me contó esta persona que cuando se animó a hablar con el único colaborador con el que había hablado hasta la fecha, descubrió que tenía unas expectativas de formación que no estaban en línea con las de la empresa. A partir de ahí, pudo explicarle lo que la empresa necesitaba y lo que conseguiría si iba en esa dirección. Según me explicó, esto le ayudo a su colaborador a clarificar su posición dentro de la empresa, a sentirse reconocido y a clarificarse él mismo.

Es nuestra responsabilidad que las personas que trabajan con nosotros, cada año que pasa, sean mejores personas y profesionales y esto sólo se consigue interesándonos por ellos y por su desarrollo, dándonos cuenta de todo aquello que nos une y no fijándonos en lo que nos separa.

¿Qué te perderías si trabajaras en un entorno en que todos piensan cómo tú?

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