Por Victoria Gimeno

 Sabemos que con nuestras creencias construimos nuestra realidad, pero también sabemos que con las creencias de los demás sobre nosotros, construimos  también nuestra realidad.

Este es el efecto Pigmalión, que nos lleva a ponernos a la altura de las expectativas que los demás tienen sobre nosotros. Esto sucede, siempre y cuando los demás tengan cierta ascendencia en cualquier ámbito, como el familiar (padres, abuelos, hermanos, etc… )  o como en el ámbito laboral (jefe, compañeros, etc…).

El efecto Pigmalión o la profecía auto cumplida, hace que si los demás nos ven capaces, nosotros intentaremos por todos los medios ser capaces y es más fácil que efectivamente lo seamos. Esto que en coaching nos lleva a empoderar a nuestros coachees acompañándoles en sus retos, puede tener sus limitaciones y conseguir la frustración de las personas.

¿Quién no lleva una etiqueta desde niño?, “este hijo mío es el trabajador, el que saca buenas notas, y este en cambio es el desastre, no aprueba nada”. Y, ¿a quién en el colegio no le han puesto otra etiqueta?;  y, ¿en el trabajo? ; y, ¿cuántas veces se ha cumplido la profecía?.  De hecho el experimento llevado a cabo por Robert Rosenthal y Lenore Jacobson en 1966, en el que medían con un falso test la capacidad intelectual de los niños, dio como resultado que a aquellos niños que aleatoriamente eligieron como con la más alta capacidad, tuvieron un mayor rendimiento que el grupo de niños a los que les adjudicaron menor capacidad, siendo ambos grupos elegidos al azar, eso sí,  los profesores no lo sabían. Así pues, quedó demostrada la relación entre las expectativas y  el resultado de los alumnos.

Si es cierto que una etiqueta positiva sobre nosotros, puede hacer que multipliquemos por dos nuestro resultado y que una etiqueta negativa sobre nosotros, puede conseguir que no lleguemos a la mitad de nuestras posibilidades; no es menos cierto que una etiqueta positiva nos lleve a soportar una pesada losa sobre nuestros hombros de por vida, y una etiqueta negativa nos genere una baja autoestima y  falta de motivación. Además el ser humano siempre intenta ponerse a la altura de las circunstancias que se esperan de él.

Por supuesto, es imposible evitar que los demás hagan juicios sobre nosotros y tengan sus propias expectativas, pero si es posible que nosotros nos auto conozcamos, y sepamos hasta donde podemos llegar, y que construyamos nuestra propia realidad, no dejando que sean otros los que lo hagan.

Y al mismo tiempo,  aunque es difícil no juzgar a los demás, al menos seamos cuidadosos al poner etiquetas, sobre todo ahora que sabemos que estamos condicionando su comportamiento y creando su realidad.

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